¿Cuánto es suficiente?
Qué es disciplina y qué es autocrueldad
Si vivís en Argentina, posiblemente hayas escuchado algo de la polémica por las carillas dentales de Julieta Poggio. Sino, te la cuento brevemente:
Una influencer decidió ponerse carillas y la bardearon tanto que decidió sacárselas. Los mensajes de odio hacia ella eran tan fuertes y constantes que prefirió mantener su dentadura antes que exponerse a ese nivel de violencia.
Viendo esta noticia, me pasan varias cosas: la primera es wow, en qué tenés que estar pensando para comentar con tanta saña en las redes de una persona a la que no conocés. La segunda, posiblemente sea por qué te genera tanto rechazo que alguien se haga algo en la cara qué carajo te importa. Y la tercera, si la bardeabas por sus dientes antes y la bardeás por su procedimiento ahora, ¿qué tiene que hacer para que estés feliz?
Llegamos a un punto en el que simplemente dejé de entender. La belleza es necesaria, pero jamás es suficiente. Parece que para tener la aprobación del colectivo la única opción correcta era nacer siendo perfectas. Porque tener imperfecciones es castigado, pero intentar “corregir” aquello que se ha marcado como imperfecto o por fuera de la hegemonía lo es todavía más.
Lo que más me choca, es que esta clase de actitudes son las que nos lanzan a todas las personas a un círculo vicioso de insuficiencia en el que nada de lo que hacemos parece alcanzar.
¿Trabajás? Trabajá más. Ese sueldo no alcanza, pero tampoco se justifica si no te rompés en mil para conseguirlo. ¿Entrenaste suficiente? ¿Bajaste de peso? ¿Comiste sano? ¿Dormiste bien? ¿Tu casa es aesthetic? AAAAAAAAA.
En la era digital, la exposición a la expectativa y el juicio externos se han vuelto constantes. Saber que un desconocido aleatorio en el fondo de la olla de Tik Tok piensa que mis dientes están torcidos, para mí HOY es moneda corriente. Opinar es más fácil que nunca, y así es como ha perdido completamente el peso que debería tener. La sociedad nos empuja siempre a buscar una zanahoria más allá, un cuerpo más chico, una cara más delicada, un cabello más largo. Un bolsillo más pudiente, un trabajo más exigido, una pesa más pesada.
Resulta prácticamente imposible cumplir con todos los mandatos con los que hoy nos cruzamos tan fácilmente en cualquier momento del día. Y eso ni siquiera es lo que más me preocupa.
Lo que más me preocupa es que resulta prácticamente imposible intentar cumplirlos, y seguir siendo feliz.


¡Qué buen análisis! Sí desde un poco de bronca, pero no es para menos. Es verdad lo que dices cada día estamos exigiéndonos y exigiendo a otros que hagan más, que tengan, que que que... Yo con 80 años, a veces me exijo más de lo que debiera, por suerte me estoy dando cuenta. Por suerte y por hacer terapia y meditar respecto de mi vida. Saludos linda Agu.